Una vigilia después....
Aquella luz vertical de la aurora, vestida de grises,
las ardillas y palomas sucias buscando su hueco.
Aquellos rostros de vagamundos y sueños no cumplidos,
colmena de las infinitas maquinaciones.
Un ciclo lunar de vigilias y mis pies
pisaban la otra orilla del mundo.
Dejé la poblada isla,
hallé una morada en un valle
hendido en la montaña.
Donde veía los dedos de cemento rascando al cielo,
ahora veo los colmillos arqueados de las altas peñas.
Si entonces vivía entre paredes de brownstone
ahora habito entre sillares medievales.
Antes vivía en los neones del futuro
ahora en un presente aun románico.
Pasé de las luces coloridas del Empire
al silencio de las ermitas abandonadas.
Las horas quietas en el interior de los Cloisters
eran el preludio de las tardes
bajo el emparrado de capiteles mediterráneos.
Cambié el hotdog de Gray’s Papaya
por la tierra, las semillas y la azada.
Dejé atrás ruidos mundanos, algarabías callejeras.
Mas permanecen en mí los jardines de hiedra cerrados,
la senda nocturna que atraviesa el Village, río a río, bajo la lluvia,
Central Park sepultado bajo un manto de nieve…
NATALIA FERNÁNDEZ
Aquella luz vertical de la aurora, vestida de grises,
las ardillas y palomas sucias buscando su hueco.
Aquellos rostros de vagamundos y sueños no cumplidos,
colmena de las infinitas maquinaciones.
Un ciclo lunar de vigilias y mis pies
pisaban la otra orilla del mundo.
Dejé la poblada isla,
hallé una morada en un valle
hendido en la montaña.
Donde veía los dedos de cemento rascando al cielo,
ahora veo los colmillos arqueados de las altas peñas.
Si entonces vivía entre paredes de brownstone
ahora habito entre sillares medievales.
Antes vivía en los neones del futuro
ahora en un presente aun románico.
Pasé de las luces coloridas del Empire
al silencio de las ermitas abandonadas.
Las horas quietas en el interior de los Cloisters
eran el preludio de las tardes
bajo el emparrado de capiteles mediterráneos.
Cambié el hotdog de Gray’s Papaya
por la tierra, las semillas y la azada.
Dejé atrás ruidos mundanos, algarabías callejeras.
Mas permanecen en mí los jardines de hiedra cerrados,
la senda nocturna que atraviesa el Village, río a río, bajo la lluvia,
Central Park sepultado bajo un manto de nieve…
NATALIA FERNÁNDEZ

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